lunes, 14 de marzo de 2016
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EL REPUBLICANO LIBERAL: ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LA OSADÍA DE LA IGNORANCIA, ...: Todo problema lo resuelve el régimen según su miopía ideológica la cual lo convierte en causa directa para arrogarse un infundado maltra...
lunes, 7 de marzo de 2016
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EL REPUBLICANO LIBERAL II: ANTONIO JOSÉ MONAGAS, POLÍTICA DE MICRÓFONO, PIDO ...: La democracia, en medio de su precariedad, es utilizada como coartada para favorecer incidencias cuyos valores políticos con menguados ...
lunes, 22 de febrero de 2016
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EL REPUBLICANO LIBERAL II: ANTONIO JOSÉ MONAGAS, LA PAPA SE QUEMA, PIDO LA PA...: Nada de lo que hasta ahora presume el gobierno hacer, provocaría el reacomodo que requiere el desarrollo resuelto de Venezuela. Despué...
lunes, 15 de febrero de 2016
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EL REPUBLICANO LIBERAL II: ANTONIO JOSÉ MONAGAS, ¿DEMOCRACIA O TIRANÍA?, PIDO...: La enmascarada pretensión del régimen por seguir enredando al país con determinaciones que violentan el Estado democrático y social de De...
lunes, 8 de febrero de 2016
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EL REPUBLICANO LIBERAL II: ANTONIO JOSÉ MONAGAS, VIVIR EN PASADO, PIDO LA PAL...: El régimen se ha empeñado en retrotraer la historia de Venezuela a momentos superados para mantener sujeto el país a condiciones extremas...
martes, 13 de octubre de 2015
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lunes, 25 de mayo de 2015
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miércoles, 5 de junio de 2013
jueves, 22 de marzo de 2012
El difícil ejercicio de la ciudadanía
Tiende a prevalecer en el ciudadano la anticultura del “hacer lo que me da la gana” y en los poderes públicos es frecuente la arbitrariedad y discrecionalidad del funcionario, la microfísica del poder como diría Foucault. Desde el presidente de la república hasta el último funcionario la conducta habitual es la del abuso y el atropello y, como reacción, el ciudadano- víctima a su vez se convierte en victimario, con una conducta habitualmente egoísta y anticívica.
En el país tenemos democracia pero escasean las conductas democráticas, tanto en el ámbito público como privado. Como diría Simón Rodríguez, tenemos república pero sin repúblicos. En términos educativos no hemos sido muy exitosos en crear ciudadanía, ni desde la familia, ni desde la escuela y la comunidad. En todos estos ambientes tiende a prevalecer el mal ejemplo y la “mala educación” expresada en conductas frecuentes de irresponsabilidad e insolidaridad.
A nivel declarativo y en la retórica formal, la Constitución y las leyes proyectan un ideal de sociedad casi perfecto, de muy pocos deberes y muchos derechos y se nos habla abundantemente de una democracia protagónica y participativa, en donde el “pueblo” lo es todo. En la práctica no es así, porque seguimos siendo una sociedad profundamente desequilibrada y oprimida, con altos niveles de marginalidad social y cultural. Realmente lo que predomina es una minoría que, más que una élite meritocrática, son grupos de logreros y oportunistas que usualmente utilizan la vía política para acceder al poder y a la riqueza. Las garantías legales son casi inexistentes y el “fuero privado” se irrespeta todos los días.
No hay nada más inerme que nuestra ciudadanía, acosada por la violencia y la inseguridad generalizada, así como por la indefensión legal, a menos que formemos parte de esa minoría privilegiada en donde las “relaciones” y las “posiciones” les permitan usufructuar la seguridad y la impunidad.
Angel Lombardi (Tomado de Noticiero Digital, 21 Marzo, 2012)
lunes, 15 de febrero de 2010
Valores Ciudadanos

Más allá de la educación formal de cada quien, la formación de ciudadano se sustenta en los valores que se aprenden en el hogar. Y no importa si se trata de un hogar ‘incompleto’ por la ausencia de uno o de ambos cónyuges... No importa si es un hogar pobrísimo enclavado dentro de una favela brasileña o en un peligrosísimo barrio caraqueño... Esas carencias son ‘características’ que aportan un ingrediente de dificultad, mas no un eximente del valor.
Tampoco importa la religiosidad o la laicidad de los que integran ese hogar, porque lo que prevalece en los niños y los convierte en ciudadanos, son los valores, ésos que se aprehenden desde el seno de un hogar, cualquiera que sea su estructura o su sino. Cuando los valores son práctica diaria en el entorno de los niños, casi con seguridad surgirán en él las conductas que apreciamos como ‘ciudadanía’; vale decir, el comportamiento de las personas cuando está delimitado por ciertas normas fundamentales, como la urbanidad y las buenas costumbres de aprobación social.
Pero los valores no vienen impresos en el código genético de la humanidad. Ellos son el resultado de un aprendizaje, de un proceso de socialización que se debe poner en práctica en la primera escuela del niño: en el hogar. Así, la receta para una ciudadanía activa y comprometida es: H+VxE (Hogar más valores, multiplicados por el ejemplo), una fórmula que debería ser elemento fundamental para ejercer cualquier cargo en la administración pública.
Los valores que se internalizan en la niñez son determinantes en las actitudes políticas de los adultos. Las actitudes que los ciudadanos toman en el ejercicio político se manifiestan en tres tipos de respuestas: Las respuestas afectivas, basadas en los sentimientos que los hacen los reaccionar para asumir una actitud en una situación determinada. Las respuestas cognitivas, sustentadas en las creencias y valores que el personaje público tiene como referencia en su vida, como las actitudes que se originan a partir de las creencias sobre sí mismos y el mundo que les rodea. Y las respuestas conductuales, que tienen una dimensión más filosófica, en esencia de filosofía política, que determinan el enfoque y su comportamiento ante una situación.
Para que los ciudadanos puedan vivir en sociedad es necesario que todos, en especial los políticos demócratas comprometidos con la reconstrucción institucional de Venezuela, respeten las normas de convivencia, esas que nos permiten construir un universo participado con las personas que nos rodean. Me refiero a las normas que se construyen desde una cultura compartida y que aunque varíen de unos lugares a otros, se trata de normas que se desprenden de los valores de la comunidad.
Muchas de las normas morales que deben seguir los líderes políticos en su vida pública y en la cotidianeidad de su vida privada tienen que estar basadas en valores; valores que a su vez son importantes y altamente estimados por los ciudadanos. Las normas, la ética y la educación de los que se lanzan a la arena política pública, dicen mucho acerca de las actitudes que tomarán, y cómo esas actitudes o comportamientos públicos responden a unas normas de conducta que están guiadas por valores.
Ser solidario o egoísta, defender la igualdad o discriminar a otras personas, ser tolerante o intolerante, respetar o irrespetar a los demás, son valores y anti valores que determinan las normas de conducta que esos líderes políticos seguirán en cualquier situación. Por eso, la conducta moral del líder (y consecuencialmente, su propuesta política) dependen de sus valores ciudadanos, de tal forma que valores ciudadanos y normas de comportamiento social están estrechamente relacionados a la conducta futura del líder.
Por ello la sociedad implanta en las personas valores comunes, y el hecho de compartirlos es beneficioso para la convivencia del grupo. Los valores no sólo determinan las normas morales que rigen nuestro comportamiento, sino que las normas jurídicas que predominan en una sociedad también están influidas por los valores dominantes en esa cultura. La reconstrucción democrática de Venezuela exige a sus líderes proyectos de futuro que se sustenten en valores ciudadanos, y en las actuales circunstancias, la demostración pública y fehaciente de que ellos, los que pretenden liderar los destinos del país, poseen perfectamente imbricados en sus comportamientos y en sus patrones morales, valores ciudadanos que avalan sus ofertas políticas.
Andrés Simón Moreno Arreche


